









El cuerpo aparece como objeto de observación. No se dramatiza ni se estiliza más allá de lo necesario. La musculatura, la postura y la piel se muestran con precisión en esta sesión fotográfica de estudio junto al modelo fitness panameño Luis Mendoza, quien poco sonríe a la cámara, pero encuentra su propia manera de dejarse conocer.
Él nos da el placer de apreciar esta serie en blanco y negro centrada en su forma, volumen y presencia física.
Un hombre muy grande, en cualquier sentido que le quieras dar a esa palabra,
se convirtió frente a la luz en una obra de arte.

















La habitación estaba en silencio.
Medellín seguía viva afuera, pero aquí adentro el tiempo se volvió lento mientras Juan David Londoño fluía frente a la cámara.
No hubo instrucciones largas ni poses ensayadas. Solo un cuerpo que entendía cuándo quedarse quieto y cuándo mostrarse. Confiado, disponible, presente. La luz entraba como entra en los lugares que no intentan impresionar.
Un espacio prestado. Una intimidad momentánea.
Lo que ocurre en esta sesión no se explica: se sostiene en la mirada, en la pausa, en la entrega sin espectáculo.
Aquí el cuerpo no actúa. Existe.









Ya es la segunda sesión fotográfica junto a Sebas Marulanda, un modelo fitness de Medellín que siempre tiene la disposición para posar, y aunque nunca sonríe para la cámara, siempre da lo mejor de él. Es esplendido, se deja dirigir fácil y es perfeccionista con cada pose.
Fácilmente podríamos repetir una tercera sesión pronto.




















Cada viaje a Medellín es una aventura distinta. La ciudad tiene una magia difícil de describir: una mezcla perfecta entre energía, ritmo, luz y una vibra que uno siente apenas llega. Pero, aunque suene cliché, lo que realmente hace especial a Medellín no son sus montañas ni su clima, sino los hombres que la habitan.

Entre tantos rostros y personalidades que uno encuentra en la ciudad, está Simón. Él es la representación perfecta de ese encanto paisa que mezcla sensualidad natural con una amabilidad que no se estudia; simplemente se tiene. Simón no solo camina con seguridad: la porta en la mirada, en la voz, en su forma de estar en el mundo. Hay personas que tienen luz, y él es una de ellas.

La idea de trabajar juntos nació casi por instinto. Lo vi y supe que ahí había una historia que valía la pena contar con la cámara. Pero, como suele pasar, uno le da mil vueltas a lo que es simple: pensé demasiado en cómo escribirle, en qué palabras usar, en si el mensaje sonaría profesional, cercano, o demasiado directo. Mientras yo analizaba cada detalle, él tardó segundos en responder.

Y allí está otra de las cosas que hacen único a Medellín: su gente no se complica. No hacen rodeos. No hacen esperar. Son prácticos, naturales, genuinos. Cuando finalmente le escribí y le propuse trabajar juntos, su respuesta fue tan rápida como su actitud ante la vida:
“Hágale, de una.”
Una frase corta, pero con la fuerza —y la frescura— que define a la ciudad.














